Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 4 millones de mujeres no han logrado retornar al trabajo en América Latina y el Caribe. La situación es más grave en los sectores más perjudicados por las medidas de aislamiento. En un informe técnico, difundido en el marco del Día Internacional de la Mujer, analizan políticas que pueden aplicarse para recuperar el terreno perdido.

La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 en los mercados laborales de América Latina y el Caribe impactó en mayor medida a las mujeres, y colocó a la región frente al desafío de enfrentar un retroceso sin precedentes de la igualdad de género en el trabajo, destacó la OIT en el marco del Internacional de la Mujer, que se conmemora cada 8 de marzo.
La Nota Técnica de OIT “América Latina y Caribe: Políticas de igualdad de género y mercado de trabajo durante la pandemia”, que forma parte de la serie regional Panorama Laboral en tiempos de COVID-19, presenta una serie de datos sobre la situación del empleo femenino y hace un análisis de las estrategias que se han puesto en práctica en diferentes países de la región.
Redoblar esfuerzos
Una elevada tasa de desocupación de 16,4 por ciento, alta informalidad, sobrecarga por tareas de cuidados son factores que contribuyen a incrementar las brechas de género en el mercado laboral. De los 23,6 millones de puestos de trabajo de las mujeres que se perdieron en el peor momento de la crisis el segundo trimestre de 2020, a fines de 2021 aún faltaban por recuperar unos 4,2 millones. En el caso de los hombres, en cambio, ya se habían recuperado prácticamente por completo los 26 millones de puestos perdidos en ese momento.
“Este 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, debemos tener muy en cuenta que enfrentamos un retroceso preocupante en la igualdad de género en el trabajo, y por lo tanto la región necesita redoblar esfuerzos para recuperar el terreno perdido y generar más y mejores oportunidades laborales para las mujeres”, dijo el director de OIT para América Latina y el Caribe, Vinícius Pinheiro.
“Dos años atrás cuando comenzó la crisis a mediados de marzo de 2020 las mujeres fueron afectadas por una catastrófica pérdida de puestos de trabajo y de ingresos. La desocupación femenina aumentó, pero lo más impactante fue la salida masiva de la fuerza de trabajo que llevó las tasas de participación laboral a niveles de no se veían hace dos décadas”, agregó.
Hoteles y Restaurantes
El análisis de OIT dice que las medidas adoptadas para atender la emergencia sanitaria, como el cierre de los centros educativos y de cuidados en forma generalizada, tuvieron un impacto negativo en la participación laboral femenina. A ello se agregó que los sectores de actividad donde más impactaron las medidas de aislamiento social, como comercio, restaurantes y hoteles, y actividades de esparcimiento, entre otros, son intensivos en mano de obra femenina. A su vez, el impacto fue mayor en el empleo informal y en las micro, pequeñas y medianas empresas donde también predomina el empleo femenino, y en el trabajo doméstico.
Estrategias
El estudio de OIT realiza un análisis de políticas y medidas del mercado laboral que buscan contribuir a la mitigación de los efectos perniciosos de la pandemia y a la recuperación, con un enfoque específico en aquellas que consideran una perspectiva de género.
“Las consideraciones sobre igualdad de género deben ser un componente intrínseco del diseño, la elaboración, la aplicación y el análisis de los resultados de la totalidad de programas y estrategias, políticas, leyes y reglamentos implementados durante la pandemia y en la etapa de recuperación”, dice la Nota Técnica de la OIT.
Además, señala que no se deben retirar en forma anticipada las medidas de estímulo sectorial para consolidar la recuperación, especialmente en sectores con una proporción mayoritaria de mujeres trabajadoras. Tampoco deben retirarse las medidas de transferencias de ingresos o ayudas en especie para garantizar las condiciones mínimas que permitan sostener el crecimiento del empleo.
El documento añade que la inversión en cuidados es fundamental tanto para la generación de empleo de calidad como para la inserción plena de las mujeres en el mercado laboral. El fortalecimiento de las capacidades de las mujeres para desarrollar sus condiciones para la empleabilidad, y la reconversión y adaptación de las capacidades para ingresar al mundo de la economía digital resultan clave en la recuperación con perspectiva de género.